Ese bosque que se llama ciudad, dibujado por Jiro Taniguchi.

Por Tomohiko Murakami

El 26 de enero de 1995, estuve en Angulema, que es una población situada en el sur-oeste de Francia Fue para asistir al Salón internacional del cómic, que celebran todos los años. Es un pueblo pequeño rodeado por murallas, que se desarrolló gracias a su fábrica de papel y que ahora, aprovechando el lugar en el que estaba, tiene el moderno Museo Nacional del Cómic y, construida en la mejana del río que discurre a su lado (evoca un poco la escena de “Nido de pajaritos” de Moto Hagio), la Academia Oficial de Bellas Artes, que tiene un curso de cómic. Cuando contemplé su hilera de casas, parecía que vivamente podía entender el trasfondo que creaba el tacto y el color especial que tiene el cómic narrativo francés, llamado “Bande desinée”, que se desarrolló de manera diferente al cómic japonés de la posguerra.

Leyendo de nuevo “El caminante” de Jiro Taniguchi, me acordaba de esa sensación. Pensé que si un extranjero aficionado al cómic viniera a Japón y viese la hilera de casas de un barrio un poco antiguo de las afueras, podría tener una impresión parecida. Algo así como: “Ay va, los comics de Jiro Taniguchi han salido de este tipo de paisaje”.

“El caminante” es una obra que se publicó serializada en “Morning Party Extra” desde el año 1990 al 1991. El protagonista es un hombre que se trasladó con su mujer a una casa de alquiler de las afueras. Tendría unos 40 años. Sin hijos. Como su mujer empezó a desembalar las cajas en la cocina, él salió fuera diciendo “Me voy a andar un poco”. El aire sabroso, el río en el que nadan los peces, unos gatitos que se asoman desde el tejado o por detrás de la valla, un hombre, ya a un paso de la vejez, que contempla los pájaros y un perro viejo que ha aparecido debajo de su nuevo hogar. Caminando tranquilamente, va midiendo la apariencia de su nuevo barrio.

En “El caminante”, Jiro Taniguchi describe escenas del Japón actual contempladas con el ritmo del caminar. Es una zona residencial de las afueras, engullida por la ola de la urbanización, pero si la observas andando lentamente podrás encontrar escenas ya dadas por desaparecidas, tanto allí como en el barrio comercial.

En un solar unos niños lanzan un avión de aeromodelismo y unas colegialas lucen su sonrisa deslumbrante. En el barrio comercial, una tienda de golosinas respira humildemente y, en el fondo de la callejuela, está parada una anciana en actitud contemplativa. El paisaje del barrio que se ve andando al pasear al perro, al dar un rodeo intencionado o bajando del autobús a mitad de camino, se ve totalmente diferente a cuando se pasa con prisa.

Es casi un cómic mudo. Más allá de las escasas frases y onomatopeyas se oyen las ricas palabras pronunciadas por el mismo paisaje.

Jiro Taniguchi optaba frecuentemente por los animales o la naturaleza como tema de sus obras originales. ”Me preguntan por qué. Yo contesto que por ensueño. Tengo un gran respeto por los animales y las personas que viven inmersas en la gran naturaleza.”, escribe Taniguchi en el epílogo del libro “Hacia el bosque” (1994), la colección de obras cortas que dibujó durante la primera mitad de los años 80. Pero en “El caminante”, descubre la naturaleza que está dentro de la ciudad, que está fundida en ella y el funcionamiento de la vida humana que es una parte de esa naturaleza, supongo que le influía su trabajo en la serie “La época de Botchan” (1986-1996) que fue realizada en colaboración con el escritor Natsuo Sekikawa.

En “La época de Botchan”, el Tokio de la era Meiji fue un protagonista de la historia, tan importante como los personajes de Sôseki, Ôgai y Takuboku etc. Al sumergirse en el Tokio de “La época de Botchan” con Sekikawa, Jiro Taniguchi habrá descubierto el encanto de experimentar la ciudad lentamente, como si se anduviera por un bosque. Representar, no sólo como simple trasfondo o decoración, las escenas de los barrios en los que las personas viven, con el mismo respeto y admiración que el que siente por la naturaleza y los animales, tema siempre importante para Taniguchi, será lo que intentó probar en “El caminante”, alejándose de la historia de Sekikawa.

En muchos casos, las ciudades usualmente descritas en los comics dan sólo una impresión algo simbólica a los lectores. Existen unas excepciones como el Ôsaka de “Jarinko Chie”, pero la mayoría, sea tanto Shinjuku o Shibuya, como una futurista ciudad fantástica, parece que estén funcionando sólo como signos que hacen evocar las imágenes que, de estos lugares, los lectores ya tienen formadas a través de los medios de comunicación.

La ciudad que representa Taniguchi tiene una función completamente diferente. Como si fuera la naturaleza o los seres vivos, la ciudad respira y se enreda, un día desorienta a la gente y otro día la cura. Sus detalles muestran distintos rostros dependiendo del momento y empiezan a contar su propia historia a las personas que se han extraviado. Ahí, la ciudad es otro protagonista que no puede faltar, más que ser sólo trasfondo y escenario de la historia.

Cuando volví de un viaje de una semana en Francia a mi casa en Takarazuka, Hyôgo, se extendía ante mí una ciudad llena de escombros tras el gran terremoto de Hanshin. Por supuesto, ya había ocurrido antes de mi salida, sólo que, durante el viaje, me esforzaba para no acordarme de eso.

Lo último que escribí justo antes de salir de Japón fue la crítica del libro de Taniguchi “El almanaque de mi padre” (1995), que acababa de salir en enero. Teniendo lugar en Tottori, que es su tierra natal, describe el vínculo de una familia que se va embrollando a causa del gran incendio que se produjo allí en 1952. El protagonista, que ha vuelto a su pueblo natal después de muchos años, para asistir al velatorio de su padre, va desenredando poco a poco la herida que recibió en el corazón en su niñez. Reflejadas en esta historia podía ver las dificultades que provocaba el desastre que tenía delante y la recuperación que vendría en el futuro lejano.
La ciudad de Tottori dibujada por la mano de Jiro Taniguchi muestra diversos semblantes, a veces es violenta, otras apacible o solitaria. Aquí también la ciudad es el escenario donde la naturaleza ataca a las personas con fuego abrasador y, al mismo tiempo, es el lugar donde pueden hallar apoyo para levantarse de nuevo.

Ahora, como el protagonista de “El caminante”, vago lentamente sin rumbo por la ciudad de Takarazuka, que está recuperando su tranquilidad original. Muchos y variados recuerdos están interconectados con esta ciudad que conozco desde niño y aun así me ofrece sorpresas frescas como si fuera desconocida. Recuerdos y sorpresas que guardan mi ensueño y temor mientras voy contemplando la ciudad; existen tan claramente como el paisaje que representa Jiro Taniguchi.




Tomohiko Murakami
Nacido en Ashiya en 1951. Editor y crítico. Durante su época de estudiante de bachillerato y universitario conoció a Kazuki Ômori, Hisaichi Ishii etc. y desplegó su talento realizando críticas de cine y manga desde que empezó a trabajar en la sección cultural de la oficina central de Ôsaka del periódico “Sponichi”. Actualmente trabaja con Channel zero S.A.

Algunas de sus obras son:

En solitario:

Tasogare tsûshin (Noticias del crepúsculo)
Jôhôshiteki sekai no naritachi (El desarrollo del mundo desde el punto de vista de las revistas de ocio)
Hibi no hon (Agenda)
Manga kaitai shinsho (Nuevo libro de disección del manga)

En colaboración:

Manga den (Biografía del manga)
Takarazuka no yûwaku (La seducción de Takarazuka)

Dirigidos por él:

Manga hihyô taikei (Colección sistemática de críticas de manga)
Tezuka Osamu no inakunatta hi (El día que desapareció Osamu Tezuka)
Etc.

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